Danubio 2011

Donaueschingen-Passau
Junio 2011
10 días de ruta en bicicleta y 600 km siguiendo el curso del Danubio alemán.


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viernes, 6 de mayo de 2011

Cómo llegar al Danubio.

Después de darle muuuuuuchas vueltas, y una vez decididos a emprender esta ruta, surge la pregunta del millón de pavos... ¿Y cómo llegamos al Danubio?
Las posibilidades son varias y si la más rápida y cómoda parece, desde un principio, el avión, la primera alternativa valorada ha sido el viaje por carretera, que si bien permite una mayor libertad de movimiento, más flexibilidad en cuanto a fechas y poder alargar o acortar la expedición a placer, ofrece en contra el inconveniente de la duración del viaje.
En nuestro caso, desde Valencia, implicaba 1.500 km y demasiadas horas de carretera. El gasto en combustible y peajes que calculamos era considerable pero, no obstante, el hecho de poder ir los tres con nuestras bicis compartiendo gastos lo hacía atractivo. Surgieron dudas razonables a la hora de decidir qué hacíamos con el coche, si dejarlo en Donaueschingen para volver desde Passau en tren, si llevarlo primero al final para encontrarlo allí a nuestra llegada o dejarlo a mitad de camino. En cualquier caso se pierde un día adicional y no andamos sobrados.
Finalmente, y pensándolo mejor, preferimos evitar riesgos innecesarios. La fatiga acumulada durante la ruta nos puede pasar factura a la hora de emprender el viaje de vuelta por carretera.
En cualquier caso, si uno se inclina por esta alternativa, el problema de dónde dejar el coche en Donaueschingen (o en cualquier otro punto de Alemania) queda resuelto en esta página: parkings gratuitos. De nada.
La combinación de trenes de diversas compañías nacionales desde España hasta Alemania, llevando consigo la bicicleta, puede ser válida si salvamos el primer escollo: Renfe. Desde Barcelona hay combinaciones pero en cualquier caso es complicado y además sale caro.
Alquilar un coche aquí para devolverlo allí sale por un precio obsceno sea cual sea la combinación que quieras manejar. Es más barato comprar una furgoneta vieja y luego pegarle fuego en Alemania, repitiendo la operación a la vuelta.
Respecto al avión, todo depende de las fechas elegidas, de si hay o no vuelo directo desde la ciudad de donde uno parta y de la compañía aérea. Desde aquí, y en las fechas elegidas, la mejor combinación ha resultado ser: vuelo directo de Valencia a Karlsruhe/Baden-Baden con Air Berlín, y luego desde allí a Donaueschingen en tren. Volvemos con la misma compañía desde München, previo trayecto en tren desde Passau.
Empleamos un día en el viaje de ida y otro en el de vuelta. 
Otros aeropuertos cercanos al punto de partida son: Friedrichshafen y Stuttgart en Alemania, el aeropuerto internacional franco-germano-suizo de Basel o el francés de Strasbourg. Hay quien empieza a pedalear en Basel, atravesando la Selva Negra, hasta Donaueschingen. Es otra opción.  
Memmingen queda a mitad de camino y puede servir tanto para llegar como para salir, según precios. Y para la vuelta, los aeropuertos más cercanos a Passau son el alemán de München y los austríacos de Salzburg y Linz.
Si bien la compañía de ferrocarriles alemanes Bahn ofrece todas las facilidades del mundo mundial para embarcar con la bici, antes de sacar billetes hay que comprobar muy bien cual es la estación correspondiente y concederse márgenes de tiempo más que razonables.
Nosotros casi metemos la pata porque, aunque hayan tenido la feliz idea de llamar al aeropuerto Karlsruhe Baden-Baden, ¡ojo, son dos sitios distintooooos! Entre el aeropuerto de Karlsruhe y la estación de Baden-Baden hay 15 km que se deben cubrir con el autobus 205 (doce minutos), en taxi o en la propia bici.
Así pues, hay que comprobar siempre (sobre plano) la situación de la terminal y de la estación, teniendo presentes los tiempos necesarios para bajar del avión, poner cara de bobo, encontrar el equipaje y la bici, encontrar el autobús, repetir lo de la cara de bobo en la estación, sin perder de vista que no llevas un maletín y un paraguas sino unas alforjas y una bici en una caja, que tienes que montar todavía no sabemos si antes de subir al autobús o al bajar de él.
Disponemos de diez días efectivos, tiempo de sobra para cubrir la distancia entre los puntos A y B pero, si nos quedamos cortos, la red ferroviaria es suficientemente extensa para llegar a Munich, con facilidad, desde donde nos encontremos.
Todo lo que ahora aún no sabemos, y que sin duda iremos descubriendo, lo contaremos a la vuelta. Seguro que a alguien le vendrá bien.